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Alan Ratzor
El que se hace llamar Pastor de Almas
Trasfondo: Alan nació en 1904, en una
Europa que aprendía a contar muertos más rápido que
días. Las trincheras de la Gran Guerra, las epidemias
y los cementerios saturados marcaron su infancia mucho
antes de que entendiera la política o la fe. Mientras
otros buscaban olvidar, él comenzó a frecuentar
camposantos, bibliotecas y observatorios, convencido
de que las estrellas y las tumbas hablaban del mismo
lenguaje: el del tiempo que se agota. Praga, con su
mezcla de catedrales, callejones y cementerios
antiguos, le pareció pronto menos una ciudad y más una
criatura vieja que respiraba a través de sus muertos.
El Lunático al que llaman El Soñador lo
encontró en 1944, cuando la sombra de la guerra se
cerraba sobre Bohemia y la muerte había dejado de ser
noticia para convertirse en ruido de fondo. El
Malkavian buscaba un heredero capaz de leer presagios
en los cielos y en las fosas comunes, alguien que no
apartara la mirada ante ciudades enteras reducidas a
ceniza. El Abrazo no fue un premio, sino una
invitación cruel: el Soñador le ofreció ver la Muerte
sin parpadear, y Alan aceptó sin hacerse demasiadas
preguntas... hasta descubrir que en su primera noche
como vástago ya oía a los muertos susurrar desde
debajo del pavimento.
Desde entonces se ha considerado a sí mismo el Pastor
de Almas: un guía y testigo de todos aquellos que
cruzan el velo, ya sea en un hospital gris, en un
callejón de Praga o en los sueños de alguien
que aún no sabe que va a morir. No se limita a
observar; provoca, acompaña, interroga. Hace
experimentar la muerte a todos los niveles: inspirando
visiones de su propio fin, escuchando las voces que se
quedan atrapadas en lugares de tragedia, empujando a
algunos hacia la Muerte Definitiva para estudiar cómo
cambia el peso de sus almas. La diablerie que arrastra
en la sangre no es sólo hambre de poder, sino un
intento deliberado de diseccionarse por dentro: quiere
saber si absorber a otro vástago altera algo más que
sus disciplinas.
La primera vez que probó la diablerie no fue por
hambre de poder, sino por un error de cálculo. Alan
había acompañado a un anciano de la Camarilla hasta su
Muerte Definitiva, convencido de que aquel vampiro -un
hereje obsesionado con la misma senda que él- le
mostraría algo en el instante final. Cuando el alma
ajena se arremolinó con la suya, comprendió demasiado
tarde que había cruzado un límite que no se desanda.
Lo que otros llamarían pecado o monstruosidad, él lo
tomó como una disección involuntaria: una autopsia
espiritual practicada en sí mismo.
La segunda vez ya no hubo accidente. Un necromante
menor, ligado a los Giovanni, le ofreció acceso a
espectros rebeldes a cambio de un trato que Alan sabía
que terminaría en traición. Cuando la noche se torció
y los dos quedaron atrapados con los muertos que
habían invocado, Alan decidió que solo uno de ellos
saldría de allí. La diablerie que siguió fue fría y
metódica, casi clínica; lo único que le interesaba era
comprobar si el eco de la Nigromancia alteraba la
textura de su propia alma. Obtuvo un par de trucos con
los que no había nacido -la capacidad de ver la muerte
exacta de un cadáver y de llamar a ciertas almas por
su nombre- y la certeza de que cada vez que devora a
otro, el Pastor de Almas se acerca un poco más a
convertirse en aquello que tanto estudia.
Algunos vástagos veteranos aseguran haber oído ese
título antes, susurrado en crónicas antiguas o en
sueños que no se atreven a poner por escrito. Alan
nunca ha leído esos relatos, pero a veces sueña con
una voz más antigua que la suya usando el mismo
nombre, como si solo fuera uno de varios "pastores"
que se turnan para vigilar la ciudad. Él lo interpreta
como una confirmación de su vocación; los pocos que
conocen esas historias se preguntan, en cambio, quién
está realmente guiando a quién.
Praga se ha convertido en su santuario y su
laboratorio. Para muchos vástagos, la ciudad es un
tablero donde Camarilla, Sabbat e independientes
juegan su propia Yihad. Para Alan, es un organismo
resentido, cruzado por líneas geománticas, cementerios
antiguos y capillas que se alimentan de secretos. En
noches especialmente frías, una brisa gélida recorre
el Puente de Carlos o el Antiguo Cementerio Judío, y
algunos juran haberlo visto hablando solo frente al
reloj astronómico, calculando el minuto exacto en que
alguien morirá al otro lado de la ciudad. Suele
aparecer en dominios al borde del colapso, ofrecer una
visión o una advertencia enigmática... y desaparecer
en cuanto el primer cuerpo cae al suelo.
En su interminable búsqueda de respuestas ha cruzado
la Puerta de los Sueños, ha probado la sangre
de hadas para perderse en reinos que pocos recuerdan y
ha negociado con Giovanni por acceso a espectros
especialmente enrevesados. Sus tratados privados
mezclan astrología, medicina forense, mitología y
relatos de aquellos que regresaron brevemente del otro
lado. A menudo cita que la existencia de otros mundos
y criaturas no le asusta: para él, todo son solo
distintos dialectos del mismo final. Mientras otros
buscan controlar la ciudad, Alan quiere comprender el
instante exacto en el que todo termina... y estar allí
para verlo.
Los vampiros de Praga lo tratan como un rumor más que
como un igual. Hay príncipes, obispos y herejes que
jurarían que recibieron un aviso suyo la noche antes
de una masacre o de una purga. Hay quien dice que si
Alan aparece en un Elíseo, es que el dominio ya está
condenado: se sienta en silencio, deja que el frío
baje algunos grados, escucha los debates sin
intervenir y, si alguien tiene la imprudencia de
preguntarle por qué ha venido, responde que solo está
allí para acompañar a quien tenga que cruzar.
Praga, que siempre ha sabido devorar a sus propios
hijos, parece tolerarlo como se tolera un mal presagio
que, sin embargo, nunca se equivoca.
Imagen: Alan aparenta unos cuarenta
años mal cuidados: ojeras profundas, piel
demasiado pálida incluso para un vástago y un porte
que combina cierta majestad con un abandono
inquietante. Viste ropa sobria, a menudo anticuada o
ligeramente fuera de época, como si hubiera dejado de
seguir la moda poco después de la guerra. Suele llevar
un abrigo largo, gastado en los puños, y
guantes que se quita solo para tocar piedras viejas,
puertas de morgue o barandillas de puentes desde los
que alguien se arrojó. Su mirada es intensamente fija:
cuando clava los ojos en alguien, da la impresión de
estar viendo tanto el presente como el momento de su
muerte. Un frío sutil le precede siempre,
acompañado por un leve olor a papel húmedo y
cera derretida.
Sugerencias de Interpretación: Alan
no se comporta como un loco estridente, sino como un
sacerdote cansado que ha visto demasiados funerales.
Habla en voz baja, eligiendo bien las palabras, y rara
vez responde de forma directa: ofrece imágenes,
sensaciones o fechas, como si la conversación fuera
solo una nota a pie de página en una crónica mucho
mayor. No discute de política de sectas salvo para
recordar que todas acaban enterradas. Puedes ser
cortés pero hiriente: su astucia se manifiesta en
comentarios precisos que dejan al descubierto el miedo
que el otro quiere ocultar. Piensa siempre:
"¿qué está aprendiendo Alan de esta
posible muerte?" y "¿merece la pena
intervenir o solo observar?"
Clan:
Malkavian
Secta / Facción:
Oficialmente Camarilla excéntrico; en la práctica,
independiente leal solo a Praga y a la Muerte
Sire:
El Soñador
Naturaleza:
Ojo de la Tormenta
Conducta:
Visionario
Generación:
9ª (diablerie en su linaje)
Nacimiento:
1904
Abrazo:
1944
Edad Aparente:
Unos 40, pero gastados
Físicas:
Fuerza 2, Destreza 4 (Esquivo), Resistencia 2
Sociales:
Carisma (Porte Hipnótico) 4, Manipulación 3,
Apariencia 2
Mentales:
Percepción (Paranoico) 5, Inteligencia 3, Astucia
(Hiriente) 4
Talentos:
Alerta 4 (Último Aliento), Callejeo 2, Esquivar 3,
Empatía 4 (Confesiones), Liderazgo 2, Pelea 3,
Subterfugio 3.
Técnicas:
Sigilo 4 (Fuera de Foco), Soñar 3,
Supervivencia 2.
Conocimientos:
Academicismo 2, Astrología 3, Cultura de Espíritus 2,
Cultura Local 3, Investigación 3, Lingüística (Saber
Antiguo) 4, Medicina 3, Ocultismo (Culto a la Muerte)
4.
Disciplinas:
Auspex 4, Dementación 4, Ofuscación 3, Nigromancia
(Sendero del Sepulcro) 2
Trasfondos:
Arcano 4, Criados 2, Generación 3, Rebaño 1, Recursos
1, Secretos (Entropía y Muerte) 3
Virtudes:
Convicción 4, Autocontrol 3, Coraje 4.
Moralidad:
Senda de la Muerte y el Alma 7
Fuerza de Voluntad:
7
Idiomas:
Latín, Griego, Inglés, Español, Arameo,
Francés, Enochiano.
Trastornos Mentales:
Aislamiento, Fantasía, Paranoia.
Méritos:
Armonía Celeste, Médium, Sentido del Peligro.
Defectos:
Brisa Fría, Legado de los Ancianos, Presa de
Condenación.
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