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La Estirpe
La Luna aparece
Reflejándose en su corazón
Agobiado y herido
El caminante mira sus días
Las malas deudas
Por las que debe pagar
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-Peter Murphy, "Seven Veils".
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Durante la mayor parte de su existencia, Praga ha
sufrido una superpoblación de vampiros. Incluso ahora,
con la desaparición o destrucción de la tercera parte
de su población inmortal, la ciudad empieza a
repoblarse rápidamente. Varios Vástagos nuevos han
llegado a la ciudad, y algunos viejos residentes han
creado nuevos vampiros.
Ahora la población vampírica es poco más de dos
terceras partes de la cifra inicial, pero está
nuevamente creciendo poco a poco. Nadie a intentado
controlar este crecimiento, y muy pocos creen que se
vaya a hacer algo al respecto hasta que alguna de las
dos sectas se alce nuevamente con el poder absoluto de
la ciudad.
Praga siempre ha sido una ciudad grande en la que es
fácil esconderse; sin altos cargos tanto de la
Camarilla ni del Sabbat todavía es más fácil.
Los Vástagos que no se habían atrevido a aparecer
mientras gobernaba Carlak o Vassily, ahora pueden
venir sin preocupaciones.
Por parte de la Camarilla la Primogenitura esta
eliminada hasta el último miembro o no encuentra el
medio de unirse, por lo que no se preocupa de los
indeseables que puedan acudir a la ciudad con el olor
a sangre fresca. Por parte del Sabbat, la inexistente
estructura de poder y el agujero dejado por los
destruidos o desaparecidos Obispos, a desencadenado en
una guerra de manadas abierta por el control de partes
de la ciudad, impidiendo que nadie alce su voz para
unirlas todas juntas en una dirección común.
Aún así, muchos deben pensar que todo esto tiene
fácil solución. Posiblemente la tendría... si esto
amigo mío, no fuera Europa. Aquí todo se hace de forma
totalmente distinta a como lo conocías.
¿Cómo de distintas? Bien, sigue leyendo y lo
comprenderás...
La Familia Tradicionalista
Sobre nosotros
los vientos del cambio consumen la tierra,
mientras permanecemos
en la sombra de veranos ya pasados.
Cuando todas las hojas
han caído, convirtiendose en polvo,
¿nos quedaremos
atrincherados en nuestras costumbres?
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-Dead Can Dance, "Severance".
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Si los Vástagos de Europa tienen algo en común, es su
respeto por la tradición. Muchos de los vampiros de
estas tierras son verdaderamente viejos; algunos han
sido antiguos durante siglos, y unos cuantos pueden
recordar vidas mortales anteriores al nacimiento de
Cristo. Los años han forjado firmes alianzas entre
unos y amargos rencores entre otros. Hay antiguos que
han pasado décadas tramando una venganza contra
Vástagos que les ofendieron siglos atrás. La ira y la
venganza de estos y terribles vampiros es algo
demasiado espantoso para que lo contemplen los jóvenes
Vástagos del oeste.
Las leyes son estrictas, y funcionan de acuerdo con
el principio de la Lextalionis; entre los Vástagos
Europeos, "ojo por ojo" tiene un significado bastante
literal. Las Tradiciones son sagradas, incluso entre
las filas del Sabbat; violar cualquiera de ellas puede
tener serias consecuencias. Los modos y la moral
definen la experiencia cotidiana de los Vástagos
europeos, así como las tarjetas de visita, el respeto
a las damas y la adhesión a "todo lo correcto y
apropiado". El asunto de la progenie es muy serio; con
la población vampírica tan abultada, la alimentación
de nuevos chiquillos no es algo que se deba tomar a la
ligera.
Nota del Observador:
Perdonad que interrumpa, pero no he podido resistirme.
En las tierras del Viejo Mundo, tener descendencia o
ser progenie de vampiros del este, cainitas americanos
sobre todo, es ser señalado automáticamente como la
oveja negra de la ciudad, ya que todos los vampiros de
esa zona del mundo se consideran una vergüenza
para sus sires y para su raza por mucho éxito que
hayan podido llegar a conseguir. Todos son criminales
de la Estirpe, o Vástagos que han huido de Europa por
alguna razón, por lo que ellos y su progenie, no son
Bienvenidos.
Al contrario que sus contrapartidas occidentales, los
vampiros europeos siguen teniendo mucho aprecio por el
linaje. De acuerdo, está muy bien ser Abrazado como
Ventrue, pero no tanto si tu tatarasíre cometió
diablerie, huyó de los Gangrel en la batalla de
Hastings y se alimentaba exclusivamente de doncellas
de cámara, ¿verdad? Las hazañas de hace siglos
-bueno, en muchos casos, las fechorías de hace siglos-
vuelven para perseguir a los chiquillos de éstos hasta
sus Muertes Definitivas. El linaje reverenciado es por
supuesto, muy raro (es tan difícil alzarse y tan fácil
caer...); los que lo tienen pueden ejercer su
influencia sobre Cónclaves y consejos con sólo una
palabra, basándose en logros de un venerado ancestro a
quien puede que nunca hayan visto.
Los Príncipes del continente son considerados las
autoridades supremas. Al contrario que los del Nuevo
Mundo, muchos Príncipes europeos carecen de consejos
de primogenitura. Gobiernan sobre sus dominios con el
puño de hierro de un señor feudal (lo que muchos
fueron en vida). Aunque los camaradas y consejeros de
confianza no son raros, los Príncipes de Europa
desdeñan por lo general los conceptos de democracia y
gobierno compartidos, viéndolos como herramientas de
la anarquía y la desobediencia. Muchos Príncipes no
distan más de cinco o seis pasos de Caín y tienen el
suficiente poder personal para hacer cumplir sus
reglas. Pocos que valoren sus no-vidas hablarían
contra los que muchos perciben como una absoluta
tiranía... especialmente cuando los que mandan no son
reacios a convocar una Caza de Sangre a la menor
ofensa.
El fuerte gobierno de la Estirpe, la reticencia de
los Antiguos a invitar al cambio y la inestable cara
de la realpolitik europea han originado una
extraña estratificación de la sociedad vampírica. Por
debajo de los Antiguos, sin embargo, están los
neonatos y los verdaderos anarquistas. Estos vampiros
se enfurecen bajo el yugo del gobierno de los antiguos
y quieren lograr lo que perciben como libertad por
cualquier medio necesario. Entre otras tácticas estos
anarquistas suelen unirse a terroristas y bandas
juveniles del ganado para dedicarse a poner explosivos
y otras formas de desastibilización civil. Aún entrado
ya el nuevo milenio, Europa se encuentra al borde de
una grave crisis, con los antiguos, los ancillas y los
anarquistas, cada bando preparándose para lo que será
con toda seguridad una batalla decisiva.
El ambiente en Europa denota miedo al futuro
desconocido oculto bajo capas de educado civismo. Roma
y París pueden quemarse en las llamas de la anarquía,
pero mientras cloquean en simpatía y apoyo moral, los
Príncipes de las demás ciudades siguen gobernando y
juzgando tan duramente como siempre. Pero en sus
corazones se oculta el miedo a que estas llamas se
extiendan hasta consumir sus propios feudos.
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