Los Escalones de la Torre

La sociedad es un manicomio
cuyos guardianes
son los funcionarios y la policía.

-August Strindberg

-Narrado por Francis Aupvolme, Cronista y Filósofo del Clan Brujah, ejecutado por las tropas del Sabbat a principios del 1999.

La Sociedad Cainita es una sociedad fracturada, pero a la vez estrictamente jerárquica, que se modifica y se rehace a sí misma en pro de sus volubles deseos. Aún así, desde antaño, los Cainitas han temido ser suplantados, su poder robado, y su territorio pisoteado por los jóvenes chiquillos ansiosos del poder de sus mayores y sobre todo de su ansiada sangre.

Al igual que en la sociedad mortal, la envidia y el temor se mezclan entre sí y de estos dos sentimientos temidos, se edifican las defensas, que en este caso toman las formas de cargos, jerarquías, leyes, reglas y normas.

Aún así, a diferencia de la sociedad mortal, los Vástagos tienen algo que desde siempre la ha hecho tal y como es y la ha convertido y seguirá moviéndola: es única en su género, y es que siempre lo pagarán todo con sangre.

Pero los vampiros son ante todo depredadores solitarios. Un Vástago puede pasar años o incluso décadas sin ver a otro, prefiriendo cazar solo a caminar entre un grupo selecto de mortales. No obstante, muchos optan (a veces por no tener más remedio) por mezclarse con sus pares en algún momento de sus no-vidas; son raros los movimientos de la Yihad que no afecten de alguna forma hasta al vampiro más apartado.

La sociedad de los Condenados esta estructurada como cualquier institución mortal, si no más. Numerosos cargos, títulos y responsabilidades circulan por el escalafón superior de la Estirpe de una ciudad, y esas posiciones confieren un gran poder... aunque con un peligro implícito: quienes pretenden sacudir los cimientos de la estructura suelen buscar a los que ostentan un cargo.

Los vampiros pueden adherirse a los modelos de estas estructuras o bien pueden optar por desvivirse definitivamente del mismo, pero inevitablemente no pueden limitarse a ignorarlo, ya que siempre están ahí, sobrevolando sus tumbas