Cosechando antes de temporada

-Narrado por Dieter, Brujah (originalmente antitribu) y antiguo miembro de la extinta manada Enterradores de Vysehard, finales del 1999.

Dicen que el que corre demasiado acaba dándose de bruces contra el suelo. Qué gran verdad.

Después de la última noche en la que atacamos a los cabrones de la Camarilla en la Ciudad Vieja, y aún pillando como pillamos, estaba claro ya que nos habíamos plantado en el territorio de la Camarilla y que de ahí ni dios nos iba a mover, al menos hasta que volvieran con ganas de más guerra... bueno, tampoco hizo falta esperar mucho, porque hubo guerra, pero no contra la Camarilla, sino contra nosotros mismos.

Como el que no quiso la cosa aparecieron los Lasombra y los Tzimisce, con su pomposo mazo repartiendo órdenes a golpes. Estaban bastante cabreados porque se habían cepillado al Obispo Stepan, uno de los Obispos Lasombra que más tiempo llevaban aquí en Praga. El tema es que se ve que Stepan, durante bastante tiempo había estado dándose leña con uno de esos feudalistas Tzimisce que dicen no pertenecer al Sabbat porque esta es su tierra.
Bueno, al enterarse de que Stepan la diñó, el Tzimisce, un tal Drozd Vlaszy no tardó en reclamar lo que durante mucho tiempo le habían "robado". Esto fue bastante malo porque las manadas y el resto de Lasombra y Tzimisce empezaron a rapiñar como buitres el terreno de Stepan y el tal Drozd no iba a permitir que le volvieran a quitar lo suyo, así que envió a sus lacayos a echar a las manadas del Sabbat. Lo último que se quería ahora estando repartiéndole leña a la Camarilla era malgastar fuerzas teniendo que darle una lección a un Tzimisce independentista, así que los Obispos optaron por hacerlo a las buenas. Enviaron la Obispo Nezkha (que era también Tzimisce) a hablar con su hermano de clan para poner las cosas claras, claro que por si las moscas, no iría sola.
Eligieron dos manadas, la mía y otra llamada los Carniceros de Petrov (casi todos antitribu) para "apoyar" a la Obispo Nezkha y hacer presión intimidatoria por la simple presencia. Cuando llegamos al refugio del tal Drozd, un pequeño castillo a las afueras de la ciudad, el tío nos recibió con una cara de mala uva de cuidado. La reacción de la Obispo Nezkha nos dejó flipando; con la cabeza gacha ante ese pavo, como pidiendo perdón una y otra vez por no sé qué hostia del protocolo y la educación, como besándole el culo sabes, y mientras el pavo permanecía de brazos cruzados sin mediar palabra y mirándonos por encima de la Obispo.
Bueno, la Obispo insistió varias veces al Tzimisce que la ciudad y su territorio pertenecía al Sabbat por derecho propio al vencer a sus enemigos y que si colaboraba se le iba a dar parte del botín. La respuesta de Drozd fue una y otra vez un simple no, y no parecía dispuesto a escuchar ni a negociar bajo ninguna de las sugerencias y peticiones de la Obispo. Finalmente alguien se hartó de tanto tira y afloja y la reunión acabó de golpe... y a tiros.
Fue lo más acojonante que he visto en esta perra no-vida tío y si siguiera siendo humano, cada noche tendría pesadillas.
Una bala silbó en el aire y acabó estrellándose por encima de la cabeza del Tzimisce y la Obispo sin conseguir hacer diana. Ahí pareció como si el tiempo se detuviese. Recuerdo a los miembros de la manada mirando al Tzimisce con los nudillos rojos por el bombeo de sangre preparados para saltarle a la yugular si hacía falta. Recuerdo a la Obispo Nezkha girar la cabeza por encima de su hombro con una cara de terror buscando al insensato que nos condenó a todos los presentes. Y recuerdo al Tzimisce y las escuetas palabras que dijo: "nadie me insulta en mi refugio". Y tras estas palabras, el infierno cobró vida.
El puto refugio era una de esas casas-bicho que tanto les gusta a los Tzimisce que pueden permitirse criar un monstruo así. Las paredes empezaron a cobrar vida y a tomar consistencia pegajosa, como si fuera un enorme estómago, mientras membranas aquí y allí se abrían y soltaban unos pringosos y asquerosos tentáculos de carne de al menos cinco o seis metros de largo. La primera en pillar fue la Obispo, que fue literalmente devorada de un bocado por el tal Drozd, que sin darnos ni cuenta se había convertido en parte de su puto y enorme retoño y había pillado la forma de una boca enorme usando sus costillas como si de dientes de tiburón se trataran.
Las manadas, al menos los que pudieron sobreponerse al pánico, respondieron al fuego con el fuego. Yo me quedé paralizado por la situación mientras mi manada y los Carniceros de Petrov saltaban encima de lo que se suponía era el Tzimisce, amarrándose a él como garrapatas, mordiendo, acuchillando, rajando y desgarrando al puto monstruo. Alguien, no sé quién, se ve que llevaba encima una mochila cargada de cócteles molotov a la espalda. La suerte fue que mientras luchaban contra el Tzimisce, este debió de morder al pavo y por suerte o destino, reventó como una tea dentro de su boca.
Lo último que recuerdo, es que todo estaba ardiendo. Los que se habían colgado encima del Tzimisce ardían con él mientras abría esa enorme y monstruosa boca exhalando llamaradas como un jodido dragón. Sus arterias reventaban a medida que el fuego las invadía y las llamas se extendieron por todos lados.
Alguien tiró de mí, y me sacó de ese infierno. Al final cuando recuperé el control de mi cuerpo y pude hacer algo, de las dos manadas que habíamos acompañado a la Obispo Nezkha solo quedaba yo y dos de los Carniceros. La Obispo se fue al garete, y sabíamos que iban a pedir explicaciones e iban a buscar cabezas de turco por dejar que mataran a una mandamás... Así que decidimos darnos el piro cada uno por su lado y buscarnos la vida. Yo acabé aquí, pillado por los de la Camarilla y con dos opciones: morir o servir a mis nuevos jefes. Teniendo en cuenta que ya de seguro los del Sabbat me buscaban por lo de la Obispo, no quería más enemigos, así que esa noche, murió Dieter para renacer de sus cenizas y con una segunda oportunidad...

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